Colaboración de THERESA
El año pasado realicé mi primer viaje a América Central. Junto con mi novio y mi mochila gigante viajé durante cuatro semanas por la isla caribeña Cuba. Había tres razones, porque decidimos este país como destino: primero yo quería visitar un país hispanohablante para practicar y mejorar mi español. En segundo lugar estaba muy interesada en este país porque es uno de últimos estados socialistas del mundo. Y por último quería conectar la visita turística con la playa, que es difícil en América del Sur en verano, porque hace demasiado frío por el cambio de las estaciones. Además no hay mar de las Antillas en América del Sur.

La Habana Vieja

Empezamos nuestro viaje el 17 de agosto. Gracias al turismo de masas (en Varadero) los vuelos a La Habana no son tan caros como los vuelos a otros países americanos. Las primeras noches dormimos en una casa particular en la capital. Quizás tengo que explicar en este lugar qué es una „casa particular“: en Cuba no hay hostales o albergues juveniles, pero hay habitaciones en casas de familias. El estado permite que cada familia alquile una habitación de su casa. Para turistas es una buena oportunidad para ver cómo viven las familias cubanas. En la capital las casas particulares son más como hoteles, los dueños no hablaban mucho con nosotros, teníamos un baño propio y comimos en restaurantes en la ciudad. Pero en otras casas, en particular en zonas rurales, hablábamos mucho con las familias y nos sentimos como miembros de la familia temporales.

En La Habana nuestra casa era en un barrio llamado „Habana vieja“. En este barrio no hay muchos turistas, porque es „feo“, sucio y muchísima gente vive allí. El barrio tiene la densidad de población más grande de América Latina. Primero tenía miedo de los centenares de perros sin amos en la calle, pero después de algunos días estaba acostumbrada a los animales pidiendo comida. La Habana era la ciudad perfecta para aclimatarnos al tiempo (tormentas y lluvia cada tarde) y a la vida cubana.

Playa de Varadero

Realizamos la segunda parada en Varadero, destino para millones de turistas cada año. Las playas son perfectas: arena blanca, mar turquesa y palmeras. Pasamos tres o cuatro días en este paraíso. En las semanas siguientes visitamos Santa Clara, donde está el mausoleo del gran revolucionario Che Guevara, Holguín, Gibara, que es un pueblo pequeño y famoso por su festival de cine, Santiago de Cuba, que es la segunda gran ciudad del país, Cienfuegos, donde visitamos la jungla de Cuba e hicimos una excursión fantástica a la isla de las iguanas y por último Trinidad, patrimonio cultural de la humanidad.

Lo que más me gustaba era hablar con la gente. Era tan interesante conversar sobre la politica de los hermanos Castro. Los jóvenes están muy infelices con la situación de su país, mientras que las personas adultas tienen miedo del futuro o mejor dicho de la muerte de Fidel Castro. Tienen miedo de que todo cambiará. Ellos no conocen una Cuba libre, una Cuba sin Fidel, quien está en el poder desde el año 1959. No están felices con la situación de su patria, pero tampoco están infelices. Dicen que tienen todo lo que necesitan, pero nadie tiene mucho. No hay lujo, no hay riqueza. El estado no quiere que los cubanos vean como vive el mundo occidental, por eso en la televisión sólo se muestran programas cubanos. Para que los cubanos no vean el lujo de Varadero, donde los turistas sobre todo de Rusia, Italia, España y Canadá están, no pueden entrar en esta península. ¡Esto me chocó mucho!

Santiago de Cuba

Creo que puedo considerarme satisfecha de que yo visitara Cuba en tiempos socialistas. Yo vi una Cuba real, una Cuba auténtica. ¿Quién sabe cómo se va a desarrollar después de la muerte del „gran líder“ Fidel Castro? Nadie. ¿Pero qué creéis vosotros?
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