Colaboración de ROSA

“¡Hola! Me llamo Rosa, soy italiana y vivo en Roma. Bueno, vivo, pero de verdad soy de una pequeña ciudad costera cerca de Roma…, pero nadie la conoce, y entonces es mucho mas fácil decir que soy de Roma.”

Creo que, desde que estoy aquí, esta es la frase que he repetido mas veces. Y claro que, cuando hablo de mi ciudad, todos me preguntan:

–       ¿Como se llama?

–       ¿Tiene mar, en serio? ¡Que suerte!

–       ¿Cuantos habitantes tiene?

¡Ay, ay! También mi primer día de clase de español salió esta tercera pregunta, y todavía no he contestado! Bueno, ¡este es el momento!

¡Hola! Me llamo Rosa, soy italiana, vivo en Roma, pero soy de una pequeña ciudad costera cerca de Roma…se llama Terracina, tiene 44.480 habitantes… ¡y para mi es una de las ciudades mas linda del mundo! Casi nadie la conoce, pero seguro que todos conocen a Ulises y la Odisea. Bien, ¡empecemos por aquí! ¿Os acordais de la bruja que tranformo a los hombres en cerdos? Bien, esta bruja, la Maga Circe, vivía aquí, y por esto el litoral de mi ciudad tiene también el nombre de Circeo.

Además, dicen que, antes de partir otra vez para Itaca, Ulises subió al monte, Pisco Montano, y desde aquí empezò a mirar toda la costa… aquí, parece que el dejó los utensilios del barco… ¡pero quién sabe!  Nunca hemos encontrado esto, pero a nosotros nos gusta creer que sì, ¡seguro que en cualquier sitio apartado se esconde este tesoro!

De mi ciudad habla también Goethe: durante sus viajes, quedo fascinado por Terracina, sobre todo porque une mar y montaña:

“Nos fue muy grata la visita a Terracina sobre la peña. Apenas admiramos este cuadro, cuando divisamos el mar delante de las paredes. Enseguida después, el otro lado de la montaña-ciudad, nos ofreció el espectáculo de una nueva vegetación. Los nopales desdoblaban sus hojas gordas y corpulentas, entre los humildes arrayanes de la hojarasca verde grisácea, bajo las granadas de un verde dorado y la verde ceniza de los aceitunos. A lo largo de la calle nos aparecieron flores y matas que nunca habíamos visto. Narcisos y anémonas tapizaban los prados. Por un poco de tiempo se ve a la derecha el mar, pero las rocas calcáreas quedan a mano izquierda en vecindad.” (J.W.Goethe).

¡Y no fue él solo! Hans Christian Andersen, el escritor de cuentos, también pasó por Terracina, en 1834, se quedó aquí algunos días ¡y nos dejó dibujos de mi ciudad! Y a mi me gusta pensar que, ojalá, utilizara unos de estos paisajes para quién sabe qué historia, ¡quizás El patito feo o La Sirenita!

Además, Terracina es una ciudad que tiene mucha historia; el centro histórico, llamado también Terracina alta, conserva todavía la antigua calle de los romanos, la iglesia, la plaza, el adoquinado, lleno de San Pietrini… así que, andando entre las pequeñas callecitas, no puedes dejar de pensar que caminas sobre siglos de historia.

Todo se ha conservado bastante bien, y por esto, sobre todo en el verano, muchos turistas vienen a dar una vuelta entre los restos romanos de esta antiquísima población.

Además, tenemos un castillo y un templo, y es esto lo que mas me gusta de mi ciudad. Este templo, en la parte mas alta de la ciudad, es muy antiguo, del I siglo a. C, y se llama Tempio di Giove Anxur, o sea, Júpiter Niño, protector de la ciudad. A lo largo del tiempo, este templo ha sido utilizado para contener el agua necesaria para la ciudad; fue también sitio militar, por la posición estratégica – desde aquí se puede mirar toda la ciudad – y al final también un sitio sagrado, y esto por el hallazgo de un oráculo; es un sitio, en lo alto del monte, donde durante mucho tiempo han creído sentir hablar al Dios Giove. La verdad es que este sitio comunica con la parte interior del monte por las grietas en la roca, y cuando el viento sopla más fuerte, se puede sentir un ruido parecido a la respuesta de un oráculo.

El Tempio di Giove esta en la parte mas alta de la ciudad, arriba de Pisco Montano, en la Puerta Sur. Ya, porque también tenemos dos puertas, una mas cercana de Roma, Porta Romana, y una mas cercana con Nápoles, Porta Napoletana. Terracina, en efecto, esta justo en el medio de estas dos importantes ciudades, y por esto se dice que los habitantes – y yo también – hablan un idioma ¡que es una mezcla de romano y napolitano! Bueno, es verdad, pero así podemos decir que podemos entender el uno y el otro, y, quizás, es por esto que hacemos amistad muy fácilmente, ¡con todos y en todos los tiempos!

Finalmente, otra cosa por la que Terracina merece ser recordada, ¡es por su vino! Mi abuelo siempre ha hecho vino casero, y siempre me acuerdo del olor de su cantina! El vino de Terracina se llama moscato, y se hace con esta uva, moscatel por supuesto, típica de mi ciudad. Es pequeña, blanca – ¡mejor, rubia! – y muy muy dulce, y buena.

El nombre viene de la palabra “musgo”, por causa del dulce olor de este vino.

Y puesto que Terracina es una ciudad de mar, no se puede no comer aquí el pescado. Y, por supuesto, pescado de Terracina y vino de Terracina ¡es una mezcla increíble! Así que…¡venid! ¡Que no os arrepentiréis!

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