Colaboración de LEONARDO

Sale difícil escribir sobre estos temas pero lo intentaré, porque creo que es importante porque puede enseñarnos que nada es seguro y que la vida es como un vaso de cristal, que de repente puede romperse debido a algo de brisa. Aunque tendría que publicar esto para el domingo, todo lo que cuento ha tenido lugar hoy, sábado 14 de abril.

Piermario Morosini era un jugador de fútbol italiano de 26 años, medio-campista de la Udinese en préstamo al Livorno, equipo de la Segunda Division italiana (Serie B). Era. Porque ya no esta en este mundo. Hace algunas horas su corazón dejo de latir, mientras que el estaba jugando un partido de campeonato con su equipo en Pescara, pequeña ciudad de Medio Italia.

En el minuto 31, de repente se desplomó, mientras que su equipo estaba atacando. Intentó levantarse. De nuevo cayó. Pronto llegaron los primeros auxilios, por parte del personal medico del Livorno, quienes le practicaron un masaje cardiaco. La situación pareció inmediatamente muy seria. Necesitaba una ambulancia, que llegaría solo algunos minutos después debido, se dice, a un coche aparcado al ingreso del campo, que le impedía el acceso. No se sabe bien. No importa.

Todo el estadio, jugadores, público, entrenadores y asistentes estaban alterados. Muchos jugadores lloraban. Todos esperaban buena noticias del hospital. Noticias que no llegarían. Tras el recurso a toda medida posible, incluso el coma farmacologico y la aplicaciòn de un marcapasos provisional, el cardiólogo del hospital de Pescara, el Dr. Edoardo de Blasio, a las 5 de la tarde, declaró la muerte de Piermario Morosini.

Nacido en Bergamo, Lombardia el 5 de julio de 1986, Morosini había perdido muy pronto a sus padres y su hermano, cuando todavía no tenía la mayoría de edad y se había quedado con otra hermana, muy enferma. Pese a esto nunca se había rendido y siempre había intentado realizar su sueño de convertirse en un gran jugador: para el mismo y para sus padres. Había transcurrido la mayoría de su carrera en la segunda Divisiòn pero alcanzando también el equipo nacional para los menores de 21 años. Quizás podría llegar a cumbres aun mas altas pero ahora, desde hace algunas horas, su sueño se ha roto.

No entiendo y quizás nunca lo entenderé, cómo es posible que un jugador de fútbol profesional, seguido por los mejores médicos, pueda morir jugando, en 2012, en un campeonato de un país, según la opinión común, desarrollado. No es la primera vez que suceden estas cosas en un campo de fútbol y temo que tampoco será la ultima. Mi recuerdo va a los casos de Puerta y Jarque, para quedarnos en España, que tuvieron lugar hace pocos años. Espero que desde hoy en mi país, en Europa y en todo el mundo del fútbol, haya un poco más de responsabilidad. Mientras tanto, no nos queda otro remedio que despedir a un chico desgraciado que demasiado pronto ha dejado esta tierra. Adiós Piermario. Descanse en paz.

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