Colaboración de JULIA

Fútbol y corrida. Cuando uno oye estas dos palabras al principio puede pensar que ellas no tienen nada que ver, excepto que son dos eventos que despiertan la pasión y el fanatismo en los españoles. Pero si alguien ha visto alguna vez una corrida o un partido de fútbol en España puede comprender que estas dos actividades tienen mucho más en común que el grito de ¡olé!

Al entrar en la arena (en el caso de la corrida) o el estadio (en el caso del fútbol) se puede sentir la tensión del duelo que está por venir. Cuando los protagonistas entran en el estadio la gente agita banderas para animar a su equipo, mientras que el público en la plaza agita pañuelos para demostrar su apoyo al torero o, quizás, al toro. Antes de empezar el embate un silencio domina el ambiente. El torero mira los ojos del toro, así como los jugadores miran a sus adversarios, desafiando unos a los otros.

 

 

Puede parecer un poco raro, pero la verdad es que la corrida, así como el fútbol, también se hace en equipo. Podemos decir que el torero, el matador, es como el atacante: está siempre delante del objetivo – sea el gol, sea el toro – y en general es el que más demuestra agilidad, atrayendo un montón de fans. Los otros integrantes tienen el encargo de distraer a los adversarios y hacer que el objetivo final sea cumplido.

La habilidad es otro rasgo muy importante en estas dos actividades. En la corrida no basta que el torero mate al toro, sino que lo haga después de muchos dribles, artes y pases – lo que se suele llamar la faena. En el caso de los jugadores de fútbol ocurre lo mismo: no basta que cumplan directamente su objetivo de hacer el gol. Tienen también las ganas y la responsabilidad de hacer dribles, de embellecer los lances y provocar al adversario. Son estos lances los que hacen que un torero o un jugador sean conocidos y amados por toda la gente, que vibra a cada instante con angustia y emoción.

 

Por fin, os dejo un video de un anuncio de una cerveza brasileña, que habla de esta similitud entre el fútbol y la corrida. ¡Olé!

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