Colaboración de TOMASO

Nunca me ha gustado una cosa comoda y fàcil. Siempre he preferido algo raro y complejo. Cuando encuentro un tesoro no grito de eso a todo el mundo, sino en cambio, celosa, lo preservo y lo guardo en algun lugar un poco secreto.

Soy Génova, me llamaron “la Superba” en mi mejor epoca. Fui República Marítima junto a Amalfi, Pisa y Venecia y tuve por largo tiempo un puerto entre los más famosos del Mar Mediteráneo. Me fundaron en un tiempo muy lejano. Alguien me dejo nada menos que un palafito de 5000 años ante de Cristo. Los etruscos dejaron su acròpolis.

Las dos caras de Génova

Se dice que mi nombre deriva del de una antigua divinidad romana, el diòs Jano Bifronte. Yo, còmo èl, tengo dos caras, una en direcciòn del mar y una de las montaňas, que estàn justo sobre mi, en mis hombros. Alguièn sin embargo dice que me llamo asì porque mi nombre proviene del termino latino Ianua, que signifìca puerta; una puerta en el mar.

En el tiempo he visto nacer a muchos hijos. Entre los demàs, en una pequeña casa de piedra, el niño que un dìa volvió ante la Reina de España anunciandole haber llegado a la India por otra via que la circunnavegaciòn de Africa. Se llamaba Cristobal Colòn y todavia conservo intacta su casa.

Tengo aùn el palacio del primer banco moderno del mundo, el Banco de San Jorge, fundado en 1407 por parte de ricos mercantes genoveses. Entre los bancos de este edificio nacieron institutos còmo la colecciòn de los ahorros y la gestiòn del dinero publico.

Durante mi historia he defendido mi puerto con murallas que estan todas a mi alrededor, còmo tambien las fortalezas que se hallan en la cima de cada montaña detras de mi. Fue allì arriba que, siendo aliada con los franceses al tiempo de la Revoluciòn, me tocò defenderme de los Ingleses. Y fue siempre dentro de esas fortalezas que se quedaron los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial, en cuanto lugares de control estratègico del teritorio. Hoy la gente suele pasear al lado de las murallas y de las fortalezas, soñando con volver atràs en el tiempo y gozando de un hermoso panorama sobre la ciudad y el mar.

En siglo XIX dentro de mis muros naciò Giuseppe Mazzini, uno de los padres del Estado Italiano y de la idea de moderna republica democratica; de mi costa salieron los famosos Mil Hombres, allà donde hoy està un monumento en su memoria, que conducidos por Garibaldi, habìan subido la peninsula Italiana, liberàndola de la dominaciònes extranjeras y dando vida a un nuevo Reino Unitario Italiano en 1861.

Mi centro historico, entre los mas grandes del viejo continente, es un enredo de callejuelas todas por descubrir.  Por aquì la gente va y viene còmo hormigas; a veces hay gente rara y se dice que en general mis ciudadanos sonríen poco y no suelen dar demasiada confianza a los disconocidos. Asì que un viajero extranjero no tiene que esperarse una simpatica acogida, o que se le ofrezca una ayuda o que haya gente muy agradable; pero quizà es mejor asì ¡en lugar de una falsa amabilidad de quien solo tiene interes en una contrapartida!

Siempre por mi parte vieja se pueden encontrar palacios entre los mas preciosos de toda Europa. Son palacios que las ricas familias de cuando fui Republica hicieron construir en competiciòn entre ellos por quien tuviera la mejor morada.

La zona del puerto viejo hoy ha sido restaurada y reorganizada segùn el projecto de Renzo Piano, otro de mis hijos que es arquitecto y que, por su fama internaciònal, no necesita de presentaciònes. Allì hay un gran acuario – el segundo de Europa – y el Museo del Mar donde, còmo en una aventura, es posible recorrer los itinerarios de los antiguos marineros genoveses, descubriendo sus costumbres y sus secretos.

Durante la Segunda Guerra Mundial cuando los Aliados me bombardearon desde el mar, una bomba hundió el techo de la catedral de San Lorenzo. Tengo que reconocer que pasè instantes de pànico. Pero al finàl, y todavia me es oscuro el motivo, la bomba no estallò. Asì que hoy se pueden ver las dos: la preciosa catedral, y la bomba no explotada en su interior.

Poco distante del puerto y de la catedral, Piazza de Ferrari con su Palacio Ducal y su gran fuente, abre las puertas a la parte mas joven y comercial de la ciudad.

Por aquì pasa una linea del metro, pero me parece una broma mas que un medio de transporte, ¡puesto que es la única! Sin embargo mis ciudadanos pueden permitirse coger tambien servicios de ferry, funiculares o un trenecito, que se encarama hacia el interior, hasta las montañas. Ese es el mismo trenecito que se puede coger un fin de semana para pasar un dìa entre la naturalezza y ojalà para probar mi comida tipica en una de las numerosas fondas que hay por allà. Ya me parece oler el olor de un rico plato de ravioli con salsa de tomate y carne de jabalì, o de trofie al pesto con patatas y judìas, o màs de un sazonado salchichón; que placer poder degustar una tarta salada de verdura u otro tipico mi ensacado, la cima.

Los fines de semana, sobre todo en primavera y cuando se acerca el verano, muchos de mis ciudadanos se van, pero sin llegar muy lejos. A lo largo de la costa buscan la paz y la tranquilidad, en pueblos muy bonitos donde un dìa durante la puesta del sol creo ha sido inventado el termino ¡romanticismo!

Quizá si un día pudiera ser humana irìa a dar una vuelta en barco por Camogli y Portofino, y despues me quedarìa a comer la focaccia al formaggio de Recco, ¡una especie de pizza que me encanta! De verdad me gustarìa ir tambièn a las Cinque Terre, andando por el Paseo del amor, o ir a ver la cosecha de las aceitunas con las cuales aquì cerca se produce un aceite muy rico.

Pero no soy humana y tengo que quedarme aquì, por ejemplo a controlar los muchos jovenes que el fin de semana llenan el centro historico saliendo de fiesta; tengo que ver que no se vayan a perder por las callejuelas demasiado obscuras y que en algunas horas se convierten en un poco peligrosas.

Hoy aún me conmueve escuchar a mis hijos cantar sobre mi, meciendolos en mis brazos o solo pudiendo mecer sus recuerdos puesto que muchos se fueron lejos por mar, la mayoría hasta Argentina. ¡Còmo me gusta con melancolia recordar el pasado y al mismo tiempo hacerme sacudir por el viento y del mar!

Soy melancolica es verdad, ¡y esto no me da vergüenza! ¿Me llaman vieja? ¡Que continuen pensándolo! Para mi lo que importa es saber lo que tengo, guardandolo en mi mismo corazón.

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