Colaboración de CÉLINE

Hoy voy a hablar de la pintura del siglo de oro español, porque lo que me gusta mucho en Madrid es ir y volver al Prado, para ver las pinturas de los grandes maestros españoles, como Zurbarán, Juan Sánchez Cotan o Jose de Ribera, que tienen en mi sentido algo muy especial que no podemos encontrar en la pintura italiana o francesa, por ejemplo. Lo que me gusta mucho es que hay generalmente una calidad obscura en estas pinturas, es decir, muchas sombras, y de eso como una resonancia de la luz en el espacio del cuadro, y también un sentido de transcendencia que aparece cuando el espectador esta mirando a las pinturas.

La primera pintura que quería comentar es la de Juan Sánchez Cotan que se llama Bodegón de caza, hortalizas y frutas y que pintó en 1602. El termino “bodegón” se refiere a las pinturas que representan la cocina o los alimentos que se encuentran en la cocina, o la caza. Aquí hay un ramillete de pájaros muertos que es muy extraño porque parece como un juego para los niños, y en verdad están muertos, y quizás van a ser comidos.

Cotán era de Toledo, y tuvo éxito como un artista en su ciudad por cuarenta años, antes de renunciar a la vida de artista e ingresar en la cartuja de Granada, donde hoy se conservan muchas de sus obras. Los objetos elegidos para esta composición no son ordinarios, o superficiales, sino que son como claves de la significación de la obra, y el espectador busca en ellos las intenciones precisas del autor, que a veces quedan misteriosas. En una apertura cuadrada, sin duda una ventana, se encuentran algunos objetos raros, frutas y verduras, dispuestas con un rigor geométrico absoluto y alumbradas por una luz violenta cuyas sombras intensas dan a los objetos un relieve casi irreal. Podemos comprender el estilo verdaderamente español comparándolo con los bodegones flamencos, que presentan composiciones mucho mas rellenas con proliferación de flores, o alimentos, y pintadas con colores vivos que se integran en el fondo, generalmente mas claro, de manera mas fluida.

Otro pintor español que fue muy dotado para pintar bodegón fue Juan Fernández, activo entre 1629 y 1936 y llamado El Labrador porque vivía en el campo. Pintó frutas tan realistas que podríamos por ejemplo reconocer el tipo de las uvas y su maduración en el Bodegón con cuatro racimos de uvas. Una vez mas, el fondo negro actúa como una puesta en escena muy sobria que hace las uvas salir del cuadro y parecen reales y prestas a comer.

Francisco Zurbarán (1598-1664), un contemporáneo y amigo de Velazquez, también pintó bodegones, pero supo además crear grandes composiciones, generalmente religiosas, que utilizaban la luz como la irrupción de lo sagrado en el mundo humano. Estaba muy influenciado por El Caravaggio. En una de sus obras, Agnus dei, juega con el limite entre el bodegón y la pintura de carácter religioso, representando un cordero, símbolo por el sacrificio de Cristo, y lo pintó como un bodegón, con muchos detalles, y texturas. Al final de mirarlo, es como una contemplación de un elemento cotidiano que al mismo tiempo transciende una naturaleza divina, como si el Espíritu Santo será encarnado en este animal, tan hermoso es y radiando sobre el fondo negro.

Me gusta mucho esta pintura, porque podemos interpretarla de muchas maneras diferentes, y en el mismo tiempo es muy simple, solamente tiene un elemento central, pintado con mucho cuidado. Su factura es muy realista y parece como una foto, por eso podemos también decir que es una obra muy moderna, que se concentra sobre lo esencial y referencia a muchas tradiciones, tanto los sacrificios antiguos, como la metáfora del Cristo.

Otra extraña pintura de Zurbarán es un autorretrato con el Cristo crucificado. El pintor se encuentra en la habitual plaza de San Juan, mirando arriba, con su paleta en la mano. Esta pintura crea una intima relación entre el sujeto y el objeto de la obra, y hace una reflexión sobre el valor del arte en relación con la religión.

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