Colaboración de GIULIO

La guerra en ex-Yugoslavia fue la más sangrienta en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Después del colapso de la Unión Soviética, los nacionalismos de los pueblos de los Balcanes han devastado toda una región. Tras la intervención de los militares USA fueron detenidos los responsables de los masacres, pero la situación en el Mediterráneo oriental permanece en vilo y las heridas de 10 años de guerra aún deben de ser sanadas…

La guerra estaba allí, al otro lado del mar, el mar de los establecimientos balnearios y de las discotecas, de los restaurantes de mariscos y del mucílago. En el otro lado era el Este, el Este de la pobreza, de la miseria, de los dientes de oro, de las lenguas eslavas, un Este que parecía demasiado lejos.
Después de una noche de mala mar, la primera luz del amanecer me da la bienvenida en el otro lado del Adriático. Croacia será sólo la puerta de entrada a un país mucho más pobre, mucho menos turístico, pero no hostil: pronto voy a dejar detrás la mar brillante color esmeralda y doy la bienvenida al campo infinito de Bosnia.
Empieza un viaje largo y soleado en autobús. Sigo por los pueblos de agricultores, campos de cereales, los caminos casi inaccesibles, hasta que, después de un profundo sueño de 6 horas, me despierto a la vista de los primeros edificios sin yeso y sin parapeto, el olor de la meta está cerca. Por el lado de la carretera hay una enorme torre socialista, compuesta únicamente de bloques de hormigon armado, como ha sido dejada por la guerra.

En 1992, Bosnia Herzegovina declaró su independencia de la antigua República Socialista Federativa de Yugoslavia (RFSY, a la cual también pertenecían Croacia, Macedonia, Montenegro, Serbia y Eslovenia). De las cenizas de la República Federativa Socialista, el primer país en obtener la independencia fue Eslovenia. Como resultado, Serbia y Montenegro se fusionaron en una sola nación para formar la República de Serbia y Montenegro (también conocida como la República Federal de Yugoslavia).

Sin embargo, las instancias de la independencia de la República Socialista de Yugoslavia (en que Serbia, desde su creación en 1943, tenía más peso, especialmente desde el punto de vista militar) dio lugar a una serie de conflictos étnicos que convulsionaron la nación durante casi una década. Tanto en Croacia como en Bosnia, las aspiraciones de independencia llevaron a cuatro años de enfrentamientos violentos. Mientras los combates en Croacia se alternaban con una serie de “alto el fuego”, en Bosnia el conflicto tomó proporciones más graves, como lo demuestra la masacre de Srebrenica, la peor masacre que ocurrió en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, con una cifra de cerca de 7.500 víctimas.

Bosnia estaba compuesta por tres grupos étnicos, Musulmanes y Croatas, pro independencia, y Serbo Bosniacos, liderados por Radovan Karadzic, sostenidos por la Serbia del ministro principal Slobodan Milosevic, contrarios a la formación de una nueva nación de Bosnia. Además de los enfrentamientos entre las milicias de las tres facciones, el ejército de Serbia llevó a cabo una matanza sistemática de opositores étnicos, continuando con una política de “limpieza étnica”. De 1992 a 1995, 93.837 personas perdieron la vida. La guerra terminó con la conferencia de paz de Dayton, Ohio, desde el 1 al 21 de noviembre de 1995, con el firme apoyo del presidente Bill Clinton y coordinado por el Secretario de Estado Warren Christopher. Bajo un acuerdo firmado en Dayton, en primer lugar, y luego en París, Bosnia Herzegovina se dividió en dos: la Federación croata-musulmana, con el 51% del territorio de Bosnia, y la República de Serbia, con el 49% del territorio.

Durante mi estancia en Bosnia, he tenido la oportunidad de recibir testimonios de aquellos que vivieron esta terrible guerra en la carne, y de aquellos que, incluso hoy en día, están viviendo rodeados por las consecuencias tangibles.

En el refugio de Mekuse encuentro a Miro. 
Miro es serbo-croata, y porque va a misa, y porque tiene el signo de la cerveza de Croacia en el refugio, y también porque vende cerveza … y si no fuera musulmán, no le seria permitido. Él era un oficial a cargo de la colocación de minas en el área de Breza-Vares. No dice nada más. 
Miro afirma que la guerra es horrible y que habia visto cosas indecibles, ni siquiera le confesó a su familia, incluso a su esposa ni sus hijos, porquè un horror tan grande no puede ser comunicado.

Después encuentro a Jozo. Varios ascetas han luchado durante siglos, sobre la respuesta a cómo se pueda vivir en paz en el mundo, respondiendo, en esencia, que la única manera es escapar de esto, viviendo como ermitaños. El sabio Jozo es uno de ellos. Hombre de la montaña y luego se trasladó a la ciudad, su casa fue incendiada durante la guerra porque se negó a obedecer las órdenes. Él huyó a Europa sin nunca haber disparado a nadie y tratando de ayudar lo más posible a la gente. Sus hijos están viviendo uno en los Países Bajos y el otro en Italia. A una pregunta me respondió: “Bosnia puede ser un país hermoso para vivir: depende de cómo está hecho por dentro el hombre”.

También tuve la oportunidad de ser acogido para una noche por la familia de un niño de los que animaba por la tarde en la plaza de un pequeño pueblo de Bosnia: Se llama Hamza, tiene 7 años. Hamza tiene un hermano, Mohamed, de 17 años. Llegué a la puerta, me hicieron quitar los zapatos y sentarme en el salon. El interior de la casa era muy pequeño, cálido y confortable. Sin darme cuenta, el tiempo transcurría muy rapido, con ese placer raro que se encuentra normalmente sólo en las personas más humildes. El padre me dijo de sus condiciones laborales y económicas, a las que también contribuye Muahmed con algo de trabajo, y me habló de cuando trabajaba en el transporte de mercancías de Italia. Hasta que en un momento, tras una breve pausa, me miró y me dijo: “Yo no tengo mucho dinero, pero todo el tesoro que quiero está aquí conmigo en esta casa”. Los hijos y su esposa lo miraron y le sonrieron tan dulce, como para responder que para ellos era el mismo.

Otra noche la pasé con Sasha, un experto en minas. Un problema, el de la recuperación de tierras minadas, que en el pasado reciente nunca ha sido profundizado por los canales normales de información. Hoy, por fin, se empieza a hablar de la limpieza de una manera significativa, pero el enfoque sigue siendo vago y muchas veces no exhaustivo, mientras que en el mundo cada veinte minutos hay una víctima por la explosión de minas y trampas explosivas. La presencia confirmada de más de un millón de minas sin explotar esparcidas por todo el territorio de Bosnia y Herzegovina es un peligro constante que previene eficazmente la plena libertad de movimientos. De acuerdo con información proporcionada por los distintos organismos involucrados en la delicada tarea de eliminación de artefactos explosivos, se estima que solo el 30% de los campos minados se documenta en los mapas oficiales.

La guerra no parecía lejana, sin embargo, de alguna manera, era irremediablemente distante. Llego a la ciudad desde arriba, desde las colinas de los francotiradores, que sembraron el terror en las calles y en los corazones de la gente y que parecen pertenecer a un pasado lejano, ahora que la luz de una puesta de sol ardiente ilumina de colores brillantes todo el valle y me da una emocion inolvidable. Por la tarde descubro el sabor delicioso de Cevapcici en los locales del centro, el yogur de cabra de montaña; camino entre las mezquitas y bazares de oro, me detengo a mirar la vida marcada por el paso de las horas de oración. Parece que es una encantadora ciudad turca dedicada al comercio y a las contrataciones exasperadas. En cambio es la luz del día que me muestra Sarajevo en su melancolica singularidad.

A pesar de las mujeres jóvenes, altas y hermosas, vestida a la última moda. A pesar de los viejos jugando animadamente en la plaza del ajedrez. A pesar de que las rosas de Sarajevo en las aceras, baches causados por las explosiones de los morteros, pintados con pintura roja en el final de la guerra, ahora estén casi desvanecidas. La guerra es aún visible y silenciosa. La veo en los edificios inestables todavia acribillados a balazos. La recuerdo en la fachada de color amarillo y verde del Holiday Inn, que ofreció refugio a muchos periodistas, pero ciertamente no fue salvado de la furia de los disparos. Todavia tengo miedo a lo largo de la vía que conduce al aeropuerto, que todavía se conoce como “la avenida de los francotiradores”. Lo siento bajo la piel, en la tierra húmeda del túnel cavado en el patio de una casa privada, bajo la pista del aeropuerto, para escapar lo suficiente lejos a las montañas circundantes.

La Jerusalén de los Balcanes: asi es llamada Sarajevo, porque a unos pocos metros están la mezquita, la sinagoga y la catedral católica. Los Balcanes, especialmente en Bosnia y Herzegovina, con su capital Sarajevo, son una encrucijada de culturas, pueblos y religiones, un area fundamental donde en un tiempo muy largo se juegan desafíos para los equilibrios mundiales. En Bosnia-Herzegovina viven juntos desde hace siglos los componentes fundamentales de todo el continente europeo, los representantes de los dos pulmones, Oriente y Occidente, además del mundo islámico. La gente y la vida cotidiana han construido un tejido multiétnico, una mezcla humana caleidoscópica, donde Oriente y Occidente han sido afectadas y contaminadas, cada uno con algo que es común a los otros como una expresión del poder creativo humano.

Desde Sarajevo he recorrido la ruta al contrario, hacia Split, donde me espera el ferry para volver a Italia. Llego a Mostar: una ciudad santa dos veces y dos veces condenada.

Hasta la guerra, los musulmanes y los croatas vivieron juntos en paz, ocupando tradicionalmente las dos orillas del Neretva, unidos por el Stari Most, el Puente Viejo, una obra imponente de arquitectura. Pero, al ejército croata este símbolo de integración no cayó bien, y por lo tanto, sin ninguna razón militar o estratégica, el 9 de noviembre de 1993, el puente ha dado paso a una sola pila de piedra caliza, y solo once años después de que los dos pueblos han regresado a su coexistencia pacífica, el puente fue abierto, fiel al diseño original. Algunos atrevidos se bañan en el agua gélida color cobalto. La mirada se dirige hacia arriba, hacia la media luna blanca de piedra, de la que, como cada verano, los jóvenes sorprenden a los turistas tirandose para poco suelto en el vientre del río Neretva, que les envuelve por un momento pero luego los devuelve a la superficie.

La guerra estaba allí, al otro lado del mar. Este viaje más que ningún otro me ha enseñado el poder de la memoria, el deber de llevar estos recuerdos conmigo para siempre, y contarlos, a pesar de que es difícil encontrar las palabras, pero lo intento, porque no olvidar es lo unico posible.

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