Colaboración de BJÖRN

“Soy un hombre serio y tímido. No soy vergonzoso, pero prefiero no hablar con gente a quien no conozco. De hecho, tampoco con gente a quien conozco. Si no estoy borracho, por supuesto. Sí, estoy casi alcoholizado, pero solamente porque quiero tener una vida social, no por el frío, no hay una cosa como eso en el norte. Tenemos bosques y lagos blancos todo el año, salvo durante los tres meses cuando no hay nieve. En estos bosques, estoy protegido de osos y lobos por mi cabaña, como cada persona aquí. Si alguna vez debo sufrir de la necesidad de hacer contacto con alguien, siempre tenga mi Nokia a mano, también porque sería ofensivo no ser puntual.”

Ser estudiante extranjero, o un extranjero en cualquier situación, es un tiempo peculiar, porque me siento que mi identidad está cambiando. En nuestra patria luchamos por ser individuos: a través de las cosas que hacemos, los amigos con quienes pasamos el tiempo, la música que escuchamos, los libros que leemos, las opiniones que expresamos. Nos burlamos de estereotipos y reímos de las personas que son estos estereotipos. Si tenemos algunos rasgos típicos de nuestra cultura, vivimos con ellos inconscientemente. Sin embargo, cuando nos exponemos a culturas diferentes, la nuestra propia aparece debajo, incluso las partes que solemos negar, las que evitamos conscientemente, y las que no tenemos (o así queremos decir).

Es raro como individualidad parece que derretirse en parte cuando estamos en el extranjero, al menos en los ojos de otros. Estas personas no te conocen todavía, claro, ¿cómo se pueden llenar las lagunas si no con lo que conozcan, con estereotipos? Los españoles prefieren siesta sobre trabajar; alemanes siempre son eficientes e italianos sacuden sus manos sin pausa. “Ah, ¿eres francés? ¿Quieres un cigarrillo?”.

Cuando oímos estas repeticiones antiguas, reímos con timidez y con entusiasmo repetimos todo el cuento, felices de que alguien conoce algo de nosotros, aunque la realidad sea muy diferente. Raramente negamos algo (si no es algo ofensivo) y continuamos el cuento de nuestra cultura en el exterior. Pudiera ser que tengamos un ligero orgullo cuando tenemos la oportunidad de asimilar con nuestra cultura: llegamos a ser diferentes de los demás a través de nuestros hábitos peculiares, costumbres raras y carácter diferente.

En otras palabras, si somos como los demás en nuestra patria, somos diferentes en el extranjero. ¿Quizás los estereotipos puedan crear individuos?

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