Colaboración de MICHELA ( ELE 8 )

La exposición Pasión por Renoir, que ha llevado a Madrid por la primera vez la colección del Sterling and Francine Clark Art Institute de Williamstown (Massachusetts) ha sido inagurada el día 19 de Octubre y ya está teniendo un gran éxito. Es comisariada por Javier Bardón, del Museo del Prado y Richard Rend, del Sterling and Clark Institute, y se lleva a cabo en el Museo del Prado: éso permite de experimentar nuevas emociones en el contexto de una colección tan importante como la de este museo nacional.

Las obras pertenecen a la madurez artística de Renoir y hay diferentes temas, así que se puede apreciar un amplio rango de sujetos y observar como las diferentes tradiciones artísticas influyeron en el arte de este pintor.

A través de sus tres autorretratos pintados en tres diferentes periodos de su vida podemos conocerlo de manera más directa; ésos nos permiten entender su personalidad y acercarnos a su técnica artística, que se desarrolla desde las obras dominadas por pinceladas sueltas y amplias hasta el estilo más “clásico”.
Uno de sus temas favoritos, que el aborda sobre todo en el retrato, es el de la figura femenina; en este sentido emblemático es el hermoso retrato de Thérése Bernard (1879), donde la prevalencia del fondo morado hace destacar las mejillas de color rosa de la niña.

Es justo en estos colores que se alimenta la paleta del artista como resulta claro también en  Marie-Thérèse Durand-Ruel cosiendo (1882), donde la figura de la joven está toda construida por los rojos y los amarillos. Sin embargo la obra que más se admira es Palco en el teatro (1880): esplendida es la construcción espacial y hermosa la cara de la joven mujer, absorta en su elegante vestido negro, sobre el cual se destacan los ornamentos florales, que juegan con el ramo de flores, pintado en el canon impresionista, con pinceladas que saben describir el instante. Es interesante notar que en esta sección hay también la primera obra comprada por Sterling en 1916, es decir Muchacha haciendo ganchillo (1875).

Otro tema tratado es el del paisaje; las obras muestran como Renoir sabía confrontarse con diferentes tipos, desde la producción de puestas de sol muy dramáticas, hasta los paisajes con barcos, siempre filtrados por la visión impresionista. Aquí cerca hay tres “bodegones”, entre los cuales uno dialoga con las obras semejantes de Cezanne y nos recuerda del confronto puesto en obra en la exposición sobre Renoir y Cezánne que tuvo lugar en Brescia en 2005. La historia personal del artista, que antes de ser pintor decoraba porcelanas, lo ha convertido en un verdadero observator de los detalles de la realidad, como es claro en su Peonias (h.1880).

El hilo rojo del erotismo, presente de vez en cuando en algún detalle, se deja descubrir en la ultima sección de la exposición, dedicada a la producción del desnudo. Su mujeres se parecen a ninfas clásicas y son pintadas con colores tenues en un paisaje natural de azules y verdes que recrean la impresión de la naturaleza y acogen estas prósperas mujeres. Este momento artístico encuentra su origen en el contacto con la tradición italiana, sobre todo con Rafael. En este contexto es espontáneo advertir una relación con el grande maestro, incluso muy presente en el Prado, Rubens.  Entre las otras obras, Bañista rubia (1881)  destaca gracias a su altísima calidad cromática y a la serenidad que expresa el rostro de la joven, quizás perdida en un pasado de formas antiguas. Las obras de la colección alcanzan el cambio de siglo pero, excepto por el retrato de Jacques Fray, no lo sobrepasan. Sin embargo es la emoción y la joie de vivre que permanecen en el visitante lo que esta exposición sabe regalar.

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