Colaboración de MIRIAM ( ELE 8 )

En el libro que en este momento estoy leyendo, “Invisible”, del autor estadounidense contemporáneo Paul Auster, una línea me ha llegado a pensar este mañana durante mi trayecto a la universidad. En castellano era:

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No quiero insultar a ella. Conmiseración es una emoción tan terrible y inútil – se tiene que reprimirla y guardársela. El momento que se intenta expresarla, solo hace que las cosas resultan peor.
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De vez en cuando en mi vida me encontraba en situaciones en cuales conmiseración era la emoción que entraba primero en mi cabeza. Pero, ¿es verdad que expresarla solo resulta en un aligeramiento para mí haciéndolo peor para el objeto de mi conmiseración?

Un amigo mío tuve muchísima desventura en su vida: Sus padres se murieron uno después de otro y además su novia le quitó. Durante una conversación me dijo que estaba harto de que no podía habla con una única persona que no lo compadecía.

Yo pienso que a veces individuos necesitan conmiseración para sentirse entendido, aceptado y en consecuencia mejor. Pero la conmiseración no debe que ser expresada por un tiempo prolongo, porque así puede ser que la persona se sienta encasillada en el papel de la víctima. Es posible que en consecuencia, no tenga motivación de cambiar su situación y de buscar puntos de vista nuevos.

Por otro lado se tiene que enfocar también la perspectiva del sujeto que compadece. Por ejemplo, ¿cuáles son las consecuencias de reprimir ese emoción? o también ¿cómo se puede comportarse en frente de una persona a cual le ha pasado algo mal sin mostrar conmiseración? ¿Actuar como si nada?

Como la conmiseración es una emoción casi cotidiana era contenta que mi libro me haya dejado pensar sobre ella un poco más que durante los momentos cuando la siento. Además, siempre es bueno saber que se pasa dentro se mismo y que pueden ser las consecuencias de nuestras acciones.

Imagen: flickr.com/sbrimbillina

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