TENGO RECUERDOS de la fiesta de Todos los Santos, que se celebra el 1 de Noviembre, desde que era muy pequeña.

Entonces vivía en un pueblo muy pequeño con mi familia. Todos los años mi abuela paterna, que era viuda, venía a hacer una visita al cementerio donde estaba enterrado mi abuelo. Esta es la parte más triste de la historia, así que de ella no voy a hablar.

La parte buena es que todos los años, sin falta, nos traía a los nietos una bandeja enorme con los dulces típicos de esta época: los buñuelos de viento y los huesos de santo. A mí estos nombres siempre me han fascinado. El primero me parece muy poético y el segundo…, menos.

Mis hermanos y yo devorábamos en un visto y no visto los buñuelos, pero los huesitos, en cambio, se eternizaban en el frigorífico. Siempre me he preguntado hasta qué punto el nombre de este dulce pudo influir en nuestra mente infantil, porque recuerdo perfectamente que yo sentía cierto repelús hacia ellos y nunca quería comerlos (pero esto nunca se lo confesé a mi abuela). Lo cierto es que los huesos de santo son básicamente mazapán y el mazapán no suele gustar a los niños.

Y a ti, ¿qué te gusta más: los buñuelos o los huesitos? ¿No los has probado? Pues ahora es el momento: no hay ni una sola pastelería en la ciudad donde no puedas encontrarlos. Estas fotos las tomé la otra tarde en una pastelería tradicional de Madrid. Ya nos contarás qué tal 🙂

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