LA VERDAD ES QUE yo no tengo amistad con ningún burro. Todos mis amigos son muuuuy listos  🙂

Pero burros hay muchos: y algunos han pasado a la historia de la literatura. En España, quizá el primero que nos viene a la mente es Platero. Sin embargo, no es menos famoso el rucio de Sancho Panza.

Don Quijote de la Mancha es la historia de dos hombres que empiezan su relación uno como amo y otro como criado; pasa el tiempo, viven juntos todo tipo de situaciones (aventuras, como las llama don Quijote) y hablan y hablan mientras caminan de un lado a otro cumpliendo su misión de ayudar siempre a los débiles. Al final, don Quijote y Sancho terminan por ser dos grandes e inseparables amigos.

Don Quijote y Sancho Panza, por Antonio Saura
Don Quijote y Sancho Panza, por Antonio Saura

Pero hay otra historia más que quiero destacar ahora: Cervantes no se olvida de los animales; también ellos, a lo largo de tantos días como pasan juntos, van a desarrollar una estrecha amistad.

Rocinante y el rucio de Sancho caminan juntos y descansan juntos. Cuando llega la noche, el caballero y su escudero buscan un lugar al aire libre donde cenar y dormir. Sancho se ocupa de los animales, de darles agua y alimento. En el capítulo XII de la 2ª Parte lo vemos dejando libre a Rocinante para que descanse:

(…) y le dio la misma libertad que al rucio, cuya amistad dél y de Rocinante fue tan única y tan trabada, que hay fama, por tradición de padres a hijos, que el autor desta verdadera historia hizo particulares capítulos della, mas que, por guardar la decencia y decoro que a tan heroica historia se debe, no los puso en ella, (…).

Cervantes explica con ironía que el autor no puede alejarse de su tema caballeresco para bajar a describir la vulgar vida de los animales. Sin embargo, a veces se olvida de ello,

(…) y escribe que así como las dos bestias se juntaban, acudían a rascarse el uno al otro, y que, después de cansados y satisfechos, cruzaba Rocinante el pescuezo sobre el cuello del rucio (que le sobraba de la otra parte más de media vara) y, mirando los dos atentamente al suelo, se solían estar de aquella manera tres días, a lo menos todo el tiempo que les dejaban o no les compelía la hambre a buscar sustento.

Rocinante y el rucio, WALTER KLEMM
Rocinante y el rucio, por Walter Klemm

Es decir, se “abrazaban” a su manera y así, pacífica y amistosamente, pasaban el tiempo si no sentían hambre o si sus amos no los necesitaban. El narrador alabó tanto su camaradería que es fácil comprender,

(…) para universal admiración, cuán firme debió ser la amistad destos dos pacíficos animales, y para confusión de los hombres, que tan mal saben guardarse amistad los unos a los otros.

¿Y tú? De entre todos tus amigos, ¿hay alguno al que podrías calificar como “el mejor”?

Anuncios