“QUE EL MUNDO FUE Y SERÁ UNA PORQUERÍA” son las primeras palabras de Cambalache. La letra de este tango es una descripción ácida y desolada del siglo XX, un siglo en el que la maldad y la indecencia llegan a su límite.

Su autor, el mítico Enrique Santos Discépolo, compuso muchos de los tangos que cantó Carlos Gardel. No creo que Discepolín llegara a imaginarse que, algún día, esa porquería de mundo, a través de la UNESCO, sería capaz de reconocer al tango como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (el 30 de septiembre de este año).

La historia del tango es apasionante. ¿Sabías que el tango fue al principio un baile de mala reputación? A finales del siglo XIX, la gente más pobre de la región del Río de la Plata “inventó” una danza que las clases altas miraban con malos ojos, aunque algunos hombres en Montevideo y Buenos Aires se acercaban a bailarla de forma clandestina en los conventillos (las casas de los barrios pobres). Era habitual que las parejas las formaran dos hombres. Una mujer manchaba su nombre con solo pensar en el tango.

FUENTE: boston.com
FUENTE: boston.com

Poco a poco, el tango fue saliendo a la luz, ganó admiradores, se escribieron tangos con letra, Gardel lo trajo a Europa… y hasta hoy, en que incluso se le han encontrado propiedades terapéuticas para tratar el Alzheimer, el Parkinson y otras enfermedades.

El tango es un universo donde se mezclan la poesía, el ritmo y la pasión. Es un símbolo de identidad para todos los rioplatenses. Se merece algo más que una breve entrada como esta. ¿Quién se anima a contar -y a bailar- el tango a sus compañeros?

Aquí dejo algunos sitios donde curiosear: una enciclopedia del tango, un portal declarado de “interés nacional” y una página sobre los mundiales de tango que cada mes de agosto se celebran en Buenos Aires. Para la parte “práctica” no puedo prestar ninguna ayuda…  😦

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