SUPONGAMOS QUE UNA TARDE CUALQUIERA vas caminando por la calle de una ciudad. De pronto, eres testigo de esta escena: una mujer sale de una tienda y echa a correr. Unos segundos después, un hombre con uniforme, seguramente el vigilante, sale corriendo y gritando detrás de ella. En la mano lleva un objeto negro, alargado: seguramente su porra reglamentaria. Todo sucede de forma muy rápida.

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Tu mente se ha puesto en marcha y a toda velocidad intenta organizar los elementos de la escena. Está buscando una explicación a lo que sucede. Mientras, has observado también que hay un coche aparcado en doble fila con una mujer dentro.

Antes de que puedas darte cuenta, tu cerebro ya tiene una interpretación. Creo que puedo adivinarla, porque probablemente yo llegaría a la misma conclusión: la mujer que corre ha robado algo en la tienda y por eso el vigilante la persigue. Incluso es posible que la mujer que está dentro del coche aparcado esté compinchada con la primera para ayudarle a huir.

A partir de cinco elementos inesperados, nuestra mente ha organizado una historia:

número 5, mag3737 en flickr.com

una tienda  +  una mujer que corre  +  un hombre con uniforme que corre detrás de ella  +  un objeto negro en la mano del hombre  +  un coche en doble fila con una mujer dentro  =  acaba de producirse un robo

Y lo curioso es que no podemos evitar que nuestra mente elabore una historia. Es como si estuviéramos programados para hacer un guión de todo lo que sucede a nuestro alrededor. Siempre estamos intentando encajar una pieza con otra.

Para mí, lo más intrigante de todo esto es por qué siempre pensamos “lo peor”. Bueno, quizá no siempre: pero a mí me parece que tenemos una tendencia muy fuerte a ponernos siempre en lo peor. ¿Cuántas personas, ante la misma escena, habrían hecho otra interpretación?

FUENTE: flickr.com/photos/tetecalvache/
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Por ejemplo, esta: la mujer que sale de la tienda ve a lo lejos que su autobús se acerca a la parada y corre para intentar cogerlo. El vigilante sale detrás de ella para devolverle su paraguas, plegable y de color negro, que se ha dejado olvidado en la caja después de pagar. Y dentro del coche hay una persona completamente ajena a los otros dos: es una mamá que espera para recoger a su hijo, a punto de salir de su clase de piano en casa de su profesora, que vive en el portal de al lado.

¿Será por esto que el español tiene una expresión como “montarse una película”? ¡Deja de montarte tu película! o No te montes películas, le decimos a alguien que, sin tener datos seguros, se imagina que está sucediendo o que va a suceder algo dramático.

(Continuará).

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