NATURALMENTE, en este blog estamos completamente convencidos de lo muy importante que es saber idiomas. Y a veces nos encontramos historias que nos reafirman en ello. Una de esas historias es la de una turista británica que viajaba por Francia. En una de sus jornadas, decidió pasar la noche en el pueblo al que acababa de llegar. Impresionada por el elegante edificio que encontró en el centro, no se lo pensó dos veces: allí dormiría.

Antes de registrarse en la recepción, entró al aseo. Cuando volvió a salir para dirigirse al mostrador, la mujer debió de quedarse con la boca abierta: el edificio estaba totalmente a oscuras, en completo silencio, con las puertas cerradas y sin nadie a la vista. ¿Estaba soñando? ¿Estaba viviendo una situación paranormal? ¿Dónde estaban todos?

No conocemos los detalles de cómo la mujer acabó averiguando lo que había pasado. El caso es que no estaba en ningún hotel, sino encerrada en el ayuntamiento del pueblo. Los funcionarios habían terminado su última reunión mientras ella se encontraba en el baño y se habían marchado todos a casa. ¿Qué explicación tiene entonces lo que ocurrió?

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Pues muy sencilla: la mujer leyó Hôtel de ville en la puerta del bello edificio sin saber que en francés significa  ayuntamiento, y le pareció el lugar ideal para pasar la noche. No sabía francés, quizá no llevaba un diccionario y, de todas maneras, ¿para qué buscar una palabra como hôtel en el diccionario?

Supongo que no has pasado nunca una noche encerrado en un ayuntamiento. Pero casi todos hemos vivido alguna pequeña aventura por culpa de una confusión lingüística. Será estupendo leer en los comentarios lo que te pasó a ti.

Y para los que tengan dudas de las ventajas de saber idiomas, aquí les dejamos una demostración de Les Luthiers (que, por cierto, no son franceses, sino argentinos):

 

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